Los jóvenes buscan nuevas oportunidades laborales que, desgraciadamente, no pueden obtener en los pueblos. Pero, ¿merece la pena? 


Respirar aire limpio


No es un secreto que en los pueblos se respira aire fresco mientras que en la ciudad estamos expuestos a la polución extrema que emiten los cientos de vehículos por sus tubos de escape mientras se encuentran atrapados en los innumerables atascos que se producen día a día. Una cuestión que en los últimos tiempos se está agravando hasta el punto de restringir la movilidad de los coches por el centro de las ciudades.
Viviendo en el pueblo, tu mayor problema con el aire es cuando viene la época de floración y sufres de alergia al polen…


La calidad de vida


El día a día en un pueblo es mucho menos estresante que en la ciudad. Nadie tiene prisa, nadie te empuja por la calle… Puedes ir caminando a cualquier sitio y no tardar más de 10 minutos. El mayor de los atascos es cuando un semáforo está en rojo y se juntan 4 coches y no las mañanas en Madrid en las que pasas 1 hora en un metro o en un atasco.

A la hora de quedar con los amigos está muy fácil ya que todos viven cerca y no hay esos desplazamientos y líos para quedar de las grandes ciudades. Muchas veces en las grandes ciudades no vemos a nuestros seres queridos por pereza de ir hasta el lugar donde viven.

En definitiva, en el pueblo perdemos menos tiempo y vamos con más calma.


Costes de la vida


No existe una gran diferencia en cuanto a precios de las cosas cotidianas pero si en otros aspectos. Un alquiler en el pueblo es significativamente menor que uno en una gran ciudad. Por el precio que tiene un piso de 4 habitaciones en un pueblo tan solo podrías alquilar un estudio en el centro de Madrid, en el mejor de los casos…

En el pueblo al tener todo más cerca y poder ir, en la mayoría de los casos, a pie, el uso del coche es mucho más reducido y por consiguiente mucho menos gasto tanto de gasolina como de mantenimiento.

Practicar deporte al aire libre


En la gran ciudad podemos practicar infinidad de deportes si, pero ¿en qué condiciones? Salir a correr entre coches, adentrarse en un gimnasio repleto de gente o tener que desplazarse a varias decenas de km para ver algo de verde son algunos de los ejemplos que conocerán los que viven en las grandes ciudades.

En un pueblo tendremos una oferta de deportes menos variada pero todas y cada una de ellas las podemos hacer al aire libre. Salir a correr por el pinar de enfrente de casa, disputar un partido de pádel con los amigos en las piscinas, organizar una pachanga de fútbol en los campos municipales, pasear en piragua por los rios… Tan solo hacen falta ganas para disfrutar en las mejores condiciones de un buen rato deportivo.

Mayor contacto humano


En un pueblo las personas interactúan de una manera más habitual entre ellos. En la cola del super, en los bancos de la plaza o las piscinas, en el hogar del jubilado, en la pescadería… Hay menos gente esta claro, pero todos ellos se conocen, hablan entre ellos, se ayudan, se avisan de las noticias importantes…

En una ciudad grande nadie se conoce, nadie se para por la calle, la gente pasa inadvertida.

 ¿Conoces tu alguna más ? Dejanos un comentario