El Sahagún que tuvo rey
Limpia y preciosa villa es Sahagún, que en un tiempo lejano tuvo más importancia que León. Se sitúa en las márgenes del Cea, que cruza bajo un pontarrón de personalidad propia.
Aún quedan vestigios de la todopoderosa abadía benedictina, donde había hospital de sesenta camas y se amasaban allí tres mil fanegas de trigo al año para alimentar a los peregrinos caminantes.
Alfonso VI trajo a los cluniacenses, que dieron obispos para todas las diócesis del reino salidos de esta abadía. Hasta reyes vivieron entre sus muros.
Los monjes, hubo veces que oprimieron a los sahaguninos, hasta cansarlos y defenderse emprendiéndola a palos contra los mil monjes, y mal lo pasó el abad. Se les prohibía comer carne de cerdo, permitiéndoles que comieran pescado, bajo penas espirituales. Los sahaguninos usaban su picaresca, tirando gochos al Cea y "pescándolos" con un gancho.
Sahagún, que tomó su nombre de los santos Facundo y Primitivo, que era como la Sodoma bíblica, la ciudad del pecado, y los peregrinos que vivían ambiente de pureza no entraban en ella, desviándose por San Pedro de las Dueñas a Bercianos del Real Camino, o a Calzada del Coto. En Sahagún había franceses, moros, judíos, burgaleses, de todo; y se pecaba, porque era como un alto en el Camino para descanso y jolgorio, porque luego todo se perdonaba en Santiago.
Cuando la desamortización de Mendizábal los sahaguninos no dejaron casi nada de lo que oliera a peregrinación, porque a las ciudades así las castigo la Historia en aquello que oprime a sus moradores. Menos mal que el ingeniero de carreteras aún permitió conservar el arco de la abadía, obra de Felipe Berrojo, y echó la carretera bajo él.
Hoy ofrece Sahagún un ambiente de villa labradora, con restaurantes acogedores, buen comercio, centros culturales, amabilidad en sus gentes tan nobles, donde la palabra vale más que la escritura; pero necesita ser potenciada esta villa y esta vida sahagunina con la atención de los poderes públicos, estableciendo industrias transformadoras de sus productos agrarios; que si en otro tiempo sufrió el azote histórico en los numerosos enfrentamientos entre leoneses, castellanos y aragoneses, hoy merece la atención porque es un remanso de paz y trabajo.
En el museo de benedictinas se guarda una custodia de los Arfe, propiedad del Ayuntamiento, pequeña en comparación con la de Toledo y la que había en León, que tenía cinco mil piezas y pesaba ocho arrobas, según manifiesta don Antonio Viñayo, abad de San Isidoro. La de León desapareció en la guerra de la Independencia, por miedo a las tropas del Corso. La embalaron para llevarla a Sevilla y de allí a Cádiz, luego la fundieron para hacerla almoneda y obtuvieron trescientas mil pesetas para dar limosna a los pobres; como si a los realidad el proverbio chino de dar caña y enseñar a pescar, pero nunca el pez pescado ya. Puestos de trabajo y no dádivas.
También había en Sahagún una reliquia el Lignum Crucis, pero se la llevó Alfonso I El Batallador, el aragonés marido de Doña Urraca, haciendo mil zalemas de arrepentimiento hasta abrazarse a la reliquia y montar a caballo desapareciendo con ella. Luego mandó azotar al pueblo en su protesta, con la férrea mano de su general Giraldo el Diablo, el que quemó Bercianos del Real Camino. Esta reliquia del Lignum Crucis fue devuelta, nuevamente, por el aragonés, y se halla hoy en este museo.
En la iglesia franciscana de La Peregrina se conserva una imagen mariana de Luisa Roldán, que nos muestra los atuendos que vestían los peregrinos: vieira, esclavina, bordón con gancho, chambergo, la calabaza para el agua y la escarcela; todo bendecido por el abad o el obispo al partir de camino.
También Sahagún tributa homenaje con plaza y estatua a su preclaro hijo Fray Bernardino de Sahagún; hijo de padres ya entrados en años, que perteneció a esta gran abadía cluniacense y fue misionero mejicano, inventando un método lingüístico para entenderse con los indios... En Méjico tiene calles dedicadas a él, y estatuas, como digno de veneración por su gran caridad; no así Hernán Cortés por ser el conquistador. Pues Sahagún, dice la leyenda, tuvo rey.
Las astas de las lanzas que formaron la chopera
En la margen derecha del Cea, antes de entrar en Sahagún cuando se va desde León, hay una gran chopera que llama la atención por su hermosura y su enorme extensión.
Hoy la tienen muy cuidada, formando un gran parque natural de esparcimiento ciudadano para los veraneantes que pueblan la villa en el estío.
Dicen que por los años del Casto Alfonso II, rey asturiano que gustaba mucho de las tierras leonesas, para establecer castillo que le defendieran las Asturias, anduvo a las malas con-Bernardo del Carpio, el legendario héroe de los cantares de gesta, que dio palos a Carlomagno el francés, con aquello de "mala la hubisteis franceses en esa de Roncesvalles".
Se cuenta que Alfonso II llamó en su auxilio al rey francés Carlomagno, para que viniera a echarle una mano en las luchas contra los agarenos. Vino el gabacho con todos sus caballeros de la Tabla Redonda, y vino Roldán con su espada Durandal, y vino el padre de Roldan, Milo, y las mejores lanzas francesas, y los mejores caballos y caballeros. También llegó el más apuesto de los galanes franceses, que se llamaba Ansey, el bretón.
El bretón Ansey se enamoró de la guapa mora, hija del caudillo agareno, Agiolando, que había ocupado las tierras llanas de Campos. La mora y el guapo bretón se gustaron tanto que se casaron en Rabanal del Camino, allá por el camino maragato que sube a la Cruz de Ferro para bajar a El Bierzo.
La boda no impidió que al lado del Cea, a pocos metros de la villa de San Facundo, Santfacum, Sahagún, se llamaran las tropas cristianas y las moras para dirimir la ocupación de la villa. Y se desafiaron a luchar uno contra uno, dos mitra dos, diez contra diez, cien contra cien, mil contra mil.
Los cristianos velaron por la noche las armas, e hincaron sus lanzas en la tierra y pasaron la noche rezando.
A la mañana siguiente comprobaron que las astas de las lanzas hincadas en la tierra habían echado raíces en el terreno y hojas en el tallo. Tal era la ayuda que intuyeron de San Facundo. Efectivamente, el combate fue reñido, y los agarenos huyeron dejando libre el campo sahagunino, aunque cubierto de cadáveres.
Entonces Carlomagno coronó como rey de Sahagún al caballero bretón Ansey; por lo que Sahagún tuvo rey.
Este es el origen de la chopera de Sahagún, según la leyenda.

Fuente: Biblioteca Digital Leonesa